Homosexualidad y esperanza

Un cristiano saliendo de la homosexualidad

martes, diciembre 06, 2005

El sentido del pene: II parte

No quiero desvelar las charlas de Christopher West, pero sí llamar la atención sobre algunas de las cosas que dice. La verdad, me estoy planteando la posibilidad de traducirlas, porque es una pena que las pueda escuchar tanta gente que no entiende el inglés.
Uno de los aspectos que me parecen más interesantes es la insistencia en que todo pecado se reduce a un retorcer una cosa buena. Partiendo del hecho de que el demonio no puede hacer nada bueno, de que sólo puede cambiar el sentido, darle la vuelta a las cosas positivas que Dios ha creado, la visión de lo que hacemos cambia completamente. El placer es algo maravilloso, querido por Dios. Lo que hacemos al pecar es simplemente buscarlo por sí mismo, prescindiendo del hecho de que el placer, como todas las realidades humanas, está al servicio del amor. Es decir, cuando un señor se acuesta con otro, en el fondo, está buscando algo positivo: afecto, comprensión, placer, etc, pero lo está buscando de una forma equivocada, porque en la relación homosexual falta la alteridad, falta la diferencia profunda inherente a la relación heterosexual. De ahí el hecho de que en una pareja de hombres, uno de los dos ha de asumir un rol que, en la pareja heterosexual, asume la mujer. Y es que, si se parte del hecho de que la expresión masculina del amor, marcada incluso por sus genitales, es el salir de sí mismo para entregarse a la mujer, es necesario que exista alguien, la mujer o su sustituto homosexual, que esté dispuesto a recibir este don de sí y a responder al propio tiempo con la autodonación. Así se entiende que, incluso en el mundo homosexual, el rol de "pasivo" o de "receptor" esté frecuentemente marcado por la ocultación. Parece que lo más propiamente masculino es el rol de los "activos". Por eso molesta tanto esa típica pregunta ante una pareja homosexual:"¿Quién hace de mujer?". En el fondo, el sentido común indica que en todo intercambio humano ha de haber un donador y un receptor. En el campo sexual se manifiesta de forma física lo que en el campo psicológico se expresa afectivamente. Al final, en esto como en otras cosas, las conductas homosexuales imitan palidamente la belleza inscrita por Dios en la creación.
Es cierto que todos hemos de saber dar amor y saber recibirlo. Pero a cada sexo le es más característica una de las dos facetas.
De momento, aún no está muy contaminado el sentido común en este aspecto. Ya veremos que pasa en adelante, vista este lavado de cerebro que insiste en que todo es igual a todo.
Seguro que sale alguno de esos que hace el papel de mujer diciendo que él es igual de hombre o más que los demás. La masculinidad, desde luego, no está exclusivamente en la postura sexual preferida. Pero, desde luego, nuestros genitales están hechos para una determinada función, y otras partes del cuerpo, para otra. Desde luego, se pueden usar los dientes para descorchar una botella. Pero no están pensados para eso.
En fín, majos. Hoy no tengo más ganas de hablar de lo evidente.

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