Homosexualidad y esperanza

Un cristiano saliendo de la homosexualidad

lunes, diciembre 12, 2005

En busca de la inocencia perdida.

Una de las oraciones de la misa de estos días de Advieno (sí, lo confieso, a veces voy a misa entre semana) decía: Oh Dios, que amas la inocencia y la devuelves a los que la han perdido. No sé como sigue. Cuando escuché esto, me puse muy contento: Esta es mi religión, la de un Dios que restituye la inocencia a quien la perdió.
Para mí, ahora, la inocencia implica muchas cosas. Volver a ser inocente para mí sería poder ver a un chaval y no imaginarmelo desnudo. O ir en el autobús y no recordar ciertas cosas que he hecho con un chico muy parecido al que va en el asiento de enfrente. Ser inocente es ver a los chicos sin pensar en utilizarlos para mi gusto.
Además, como me ha sugerido mi último confesor, ser inocente es volver a creer que se puede ser feliz sin hacer del sexo el centro de la vida. Cuando uno ha vivido tan pendiente de una determinada cosa, como me pasaba con el tabaco, no puede imaginar que se puede ser feliz sin ella. Cuando fumaba, no quería dejarlo, porque me parecía que, sin tabaco no volvería a disfrutar de una reunión con los amigos, o de una noche de fiesta. Y no ha sido en absoluto así.
No me refiero, por supuesto a vivir sin sexualidad, porque eso es imposible: es una de las dimensiones del hombre, sino a ponerla en su sitio.


Oh, Dios, que amas la inocencia. Devuélvemela.

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