Homosexualidad y esperanza

Un cristiano saliendo de la homosexualidad

domingo, diciembre 04, 2005

¿En qué se parece el tabaquismo y la homosexualidad?

Muchos pueden pensar que en nada.
Yo desde mi experiencia en uno y otro, y siguiendo algunas de las ideas del famoso libro "Dejar de fumar es fácil. Si sabe cómo", puedo señalar algunas.
El tabaquismo es una enfermedad psicológica, muy leve en comparación con la homosexualidad, aunque cause estragos físicos generalmente mayores que la homosexualidad. Los efectos más temidos del tabaco, a largo plazo, son los físicos. Pero el tabaco supone también una merma de libertad considerable. El fumador está atado por el tabaco. Busca con fruición cada cigarro, aunque sólo disfruta verdaderamente de las primeras caladas. Si se deja llevar por este vicio, acaba fumando sin darse cuenta, ya sin disfrutar, a veces empalmando un cigarrillo a otro. Con frecuencia he tenido que salir a altas horas de la noche a comprar tabaco, o he afrontado con temor una noche de estudio porque me quedaban dos cigarrillos. La promiscuidad de tantos homosexuales, ¿no tiene rasgos similares?¿No se trata a veces de fumarse un tío y después buscarse otro, porque la única que se disfruta es la primera calada? A la dificultad de abandonar estas esclavitudes subyace el miedo a no ser feliz, sin tabaco o sin el escape insano de la homosexualidad. Y es que uno cree que la vida sin tabaco o sin relaciones homosexuales es una vida infeliz.
Sin embargo, los que hemos dejado de fumar, miramos a los fumadores con pena, porque, superadas las comidas de tarro del tabaco, descubrimos que un fumador es un pobre adicto engañado por la publicidad, incapaz de dejar de consumir para llegar a ser igual de feliz que el que no fuma. La vida sin tabaco es maravillosa, y la experienca de ser capaz de vencer esta adicción, una de las más estupendas de mi vida.
Respetando las diferencias, es posible ver en el homosexual que no quiere dejar de serlo a ese fumador que dice: "a mí me gusta fumar". Al fumador, yo le diría que no sabe lo que dice, y que habla así porque no conoce o no recuerda que hay una vida mejor, en la que el uso de sus pulmones y de su libertad es acorde al destino para el que fueron hechos. Al homosexual que se regodea, le digo, con tristeza, lo mismo: no quieres cambiar, o bien porque crees que no se puede, o bien porque no eres capaz ni siquiera de imaginar la plenitud de vida que es capaz de alcanzar un heterosexual. Cierto que hay problemas en la vida de un heterosexual, pero esa rotura, ese desgarro íntimo de la homosexualidad, no lo tiene.
No hablo como el que ha llegado a una meta. A mí dejar el tabaco me costó pensar muuuucho. Pero, al final, un día, lo dejé. Cuando descubrí que el hábito de fumar se sustenta en muchas mentiras, y que la vida sin tabaco es mucho más plena que con él. (Del banal tema d ela economía, ni hablamos).
Emprender este camino para salir de la homosexualidad me ha dado más plenitud y más esperanza que todas la veces que me he rendido a mís pasiones.
Y es que, al final, ser hombre no es tener músculos de gimnasio, sino aprender a decirse a uno mismo que NO.

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