Homosexualidad y esperanza

Un cristiano saliendo de la homosexualidad

martes, diciembre 20, 2005

La fuerza del deseo

Hay que ver, a veces, qué gracioso es eso del deseo sexual.
Ayer iba por la calle y me crucé con una parejita. Él tendría unos 23 o24 años, alto rubio, guapo sin pasarse. Llevaba a su chica agarrada de los hombros. Un caballero. Sólo de verlo tuve esa especie de vacío visceral, ese como golpe interno, ese mordisco que t eda el deseo. No sé como explicarlo, pero tiene que ver con el estómago y los intestinos, estoy seguro.
Después, seguimos cada uno por su lado (bueno, dudo que él reparara siquiera en mi presencia). Lo gracioso es que, si te pones a pensar, a lo mejor es una persona insoportable, o estúpida, o le huele el aliento que no veas. Lo gracioso es que podamos llegar a hacer barbaridades sólo por esa primera impresión. Me ha pasado tantas veces. Después del rollete, he mirado al tío y he pensado ¿cómo es posible que me haya ido a la cama con este?. El amor puede ser ciego, pero el deseo sexual es de lo más estúpido que a veces nos podemos encontrar.
Sí, yo también soy un estúpido por no pensar más antes de hacer las cosas.
Por cierto, hoy me he levantado con ese "mierda". Hoy habrá batalla. Tengo unas ganas enormes de pegar un revolcón. Me pasa cada vez que tengo la tarde un poco libre.
Joder, que mierda de vísceras cuando no se están quietas.
(Perdona, Señor. Ya sé que la culpa no es de las vísceras, que hacen lo que pueden, las pobrecitas. La culpa es de este pobre corazón mío, tan enfermo y tan lleno de doblez)

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