Homosexualidad y esperanza

Un cristiano saliendo de la homosexualidad

viernes, diciembre 09, 2005

Mis problemas con el pelo

Mis primeros problemas con el cuerpo fueron por culpa del pelo.

Recuerdo el sitio: un polideportivo. Yo tendría unos 11 años más o menos. Estábamos sentados en el suelo cuando Amanda (nombre ficticio), una chica con la que competía por sacar las mejores notas, se fijó es mis piernas y dijo: Tienes pelos. Pareces un oso.

Así, de esa forma tan sencilla, empezaron mis problemas con el vello corporal. Yo imagino, porque no lo recuerdo bien, que tendría cuatro pelillos, pero, a esa edad, y con lo palillosas que tenía las pierans, debían parecer muchos.
No sé.

Lo siguiente fueron las cejas. De alguna forma empecé a fijarme en mi entrecejo, que estaba empezando a poblarse por aquél entonces: siempre he sido muy precoz en todo. Un día, cansado de tanto pelo, decidí ponerle remedio. A los11 años, la verdad, uno puede saber que la gente se depila las cejas, pero yo no acababa de saber cómo se hacía. Así que, ni corto ni perezoso, me depilé el extremo central de las cejas con un cortauñas.

El resultado fue desastroso, hasta el punto de que mi madre, para disimular un poco, me puso dos tiritas para tapar el desastre. Esa tarde, en clase, tuve que estar repitiendo que me había dado un golpe contra la mesa. Tras alguna investigación, descubrí las pinzas de depilar, que han sido un instrumento que he usado mucho desde entonces. Es verdad que las compro y las guardo escondidas, porque me parece poco masculino. Aunque, si os digo la verdad, cada vez veo a más hombres que se depilan las cejas.

Lo que no soporto son esos tíos que se martirizan esa parte de su cuerpo. Las cejas no deben depilarse por la parte superior. Además, desde mi punto de vista, un hombre no debe limpiar completamente la zona depilada, porque se nota demasiado, y acaban pareciendo drag queens (con respeto por los drags). Mejor dejar algún pelillo, que hace más natural.
Lo de las cejas, es sólo uno de los aspectos de mi problema con el pelo.

Cuando crecieron más los de las piernas, y empezaron a salir los del pecho, probé a decolorarlos, para disimular. Cuando mi madre me preguntó por lo ocurrido, porque, de repente parecía un peluche albino, le dije que habían puesto demasiado cloro en la piscina. Abandonado lo de los decolorantes, un día pasé a la cuchilla de afeitar, a la cera, a las máquinas esas eléctricas para depilar estirando, y a las de parches para inhibir el crecimiento. No ha habido nada que hacer, y ahora, de cuando en cuando, lo recorto con la afeitadora.

Cuando empezó a salirme bigotillo, me avergonzaba. Aunque la primera vez que se afeitó mi hermano, fue como una fiesta, en mi caso me llenaba de vergüenza. Como no quería que mi padre me afeitara, me metí un día en el baño y lo hice. El resultado, como podéis imaginar, fue una escabechina. Desde entonces, durante años, me afeité a escondidas.
Y, la pregunta, ¿porqué?

Yo creo que he tenido este problema con el vello por dos motivos: o bien no me resignaba a abandonar la infancia, o bien rechazaba la figura paterna mediante el rechazo de un elemento significativo de la masculinidad, el vello corporal. No es para mí un problema sólo de estética. Es un problema de identidad. Y no es que nunca haya querido dejar de ser hombre. Es más bien que con frecuencia quiero ser tratado como se trata a un niño, con condescendencia, con cariño, no se...

Bueno, es un tema abierto que me ha hecho sufrir mucho. Y que aún me hace sufrir.
Amanda, cariño, si supieras la que armaste...

El día que encuentre mi primer pelo en la espalda, que de momento es lampiña, no sé qué pasará. Aunque espero, por si acaso, haber llegado ya a una reconciliación con mi sistema capilar.

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