Homosexualidad y esperanza

Un cristiano saliendo de la homosexualidad

sábado, diciembre 10, 2005

Un mordisco en el estómago

Hay determinadas situaciones que me producen lo que podríamos llamar un mordisco estomacal extremo, un golpe de deseo sexual combinado con otras cosas que no sé que son. Son ocasiones en las que especialmente descubro hasta qué punto no soy totalmente libre ni estoy totalmente en el control.
La última vez me ha sucedido escuchando a Christopher West. En una de sus charlas, Winning the battle of sexual purity, relata cómo poco a poco, desde su más tierna infancia, fue adentrándose en la selva de la adicción sexual. Al escuchar su relato de cómo perdió la virginidad, a los 16 o 17 años, sentí ese mordisco en el vientre, ese terrible mordisco del deseo sexual y de la pena. No sé explicarme bien. Es que a mí me hubiera gustado perder la virginidad así. A esa edad y con una chavala. Me hubiera gustado tener una adolescencia así de normal. Me hubiera gustado charlar de las chicas con los amigos. Me hubiera gustado tener ese tipo de amigos. Los míos eran la mitad homosexuales (después lo he sabido-entonces lo intuía). Nunca salimos a buscar chicas (bueno, casi nunca. Yo salía a por ellas en parte por disimular, en parte por curiosidad). Me hubiera gustado, en fín, vivir todas esas cosas de las que CW se lamentaba.
Cuando pienso en lo que pudo ser y no fue, me pongo, además, irremediablemente triste. Porque creo que en mi vida nunca recuperaré lo que no tuve.
Ayer, mientras le daba vueltas a esto, pensé en el Cielo. Sí, espero que haya Cielo, y espero que allí todas estas heridas estén curadas. Y espero que valga la pena, porque esta vida no me está dando lo que espero de ella.

Además, h eencontrado un nuevo frente de lucha. Estaba acostumbrado a pelear contra la pornografía y la masturbación. Ahora, después de estos meses de promiscuidad, tengo que luchar contra mis deseos de quedar con alguien por Internet, o de irme a la sauna o lo que sea. Cuanto daño hace el pecado. De momento, llevo dos semanas de cuasi castidad ( o sea, nada de encuentros con otros). ¿Llegaré a la Navidad así? Sería una experiencia verdaderamente liberadora. Jamás hubiera pensado que llegaría a estar tan pillado con el sexo.

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