Homosexualidad y esperanza

Un cristiano saliendo de la homosexualidad

miércoles, febrero 22, 2006

C*j*nes


Estoy experimentando una regresión a la adolescencia. Es como si se me hubiera quedado atravesada en la garganta, y ahora quisiera acabar de tragármela. Yo creo que la homosexualidad tiene que ver con esa época de mi vida que no acabé de superar. Ahora me siento lleno de dos cosas típicas de adolescente: inseguridad y rebeldía. Los síntomas están por todas partes.
Por ejemplo: he estado meses sin cortarme el pelo, porque quería dejarlo largo, como una especie de protesta contra la sociedad. (No comment). El caso es que, al final me he decidido a cortármelo. Me he ido a una peluquería de postín, y, cuando he estado en el sillón, he sido incapaz de decirle a la peluquera cómo lo quería. Porque, a la vez lo quería largo pero masculino, cómodo, desenfadado, sin que llamara demasiado la atención.
El resultado ha sido un desastre. Mi hermano, al verlo me ha dicho: "seguro que te lo ha cortado una chica". Así que he buscado otra peluquería y me lo he vuelto a cortar. Esta vez, me lo han dejado bien, pero muy corto, claro. Es lo que tiene eso de cortar el pelo, que los estropicios no se borran en horas.
Otro aspecto donde veo sobretodo mi ira, mi rabia contenida, mi rebeldía, es en el uso de palabrotas. Yo nunca las he usado, pero desde hace dos años, las empleo con gran frecuencia. Es como si me vengara de mis padres que no me las dejaron decir-ni las dije nunca, a los 15 años. Me encanta usarlas para ver si escandalizo a alguien. Me gustan las que llevan guturales, como c´j´nes o j´der. La j me encanta. No tengo explicación para eso.
También he descubierto el gusto por escupir por la calle.
Vamos, como un púber cualquiera.
Espero que pase pronto, pero, al mismo tiempo, lo vivo como una liberación. Ya sé que no es correcto, pero me parece que tiene que ver con el proceso de desatascar la psicología, tan parada en aquella época, en sus incertezas y timideces, en su deseo de riesgos y de comodidad, en su egocentrismo...
Mientras tanto, por aquí voy, rapado y acoj´nado
Perdón, se me escapó.

lunes, febrero 20, 2006

Esperanza y dolor


A la esperanza y al dolor los conocía por separado. No me había dado cuenta hasta hoy de que son, tantas veces, una pareja de hecho.
Hablando con Rubén lo he visto. Estoy lleno de esperanza, pero me doy cuenta cada vez más de que va a haber mucho dolor. No me extraña, la verdad, que muchos prefieran hacer como que no existe solución para la homosexualidad.
Y, al contar la propia vida, muchas veces, el dolor viene por sorpresa, y de donde no lo esperarías. Hoy a mi me ha sorprendido al hablar de una de las experiencias más duras de mi infancia: experimentar el chantaje, la manipulación afectiva de mi querida abuela. Querida, porque la quiero y ella a mi. Pero cuánto daño se puede hacer, aun sin darnos cuenta, a un niño. En concreto, en mi caso, el arma fue:"pórtate bien, que de un disgusto vas a matar a tu madre, que está enferma". Mi madre tenía una depresión. Pero mi abuela, para que me estuviera quietecito un rato, no cayó en la cuenta de que yo la creí a pies juntillas. Desde entonces, cada verz que me portaba mal, creía que mi madre se iba a morir.
El efecto es claro: disimular, esconder, mentir.
Una doble vida
Que tristeza. Pero, al mismo tiempo, qué descanso poder hablar de cosas que nunca he hablado con nadie. Y con qué paciencia me escucha Rubén. Sin juzgar.
Uff, aunque por momentos no sé qué decirle. Con la de veces que he imaginado lo que le diría, y, cuando estoy allí, solo tengo ganas de llorar y de estar callado.
Pero, cuando salgo, dolorido, pero contento, todo es diferente. Deseo ya que llegue nuestra próxima charla.

domingo, febrero 19, 2006

Me muero de impaciencia


Mañana he quedado con mi director espiritual. Estoy un poco nervioso, porque quizá me envíe al psicólogo. Nunca he ido a uno. Estoy nervioso, porque he puesto muchas expectativas en esto, y, si me falla, no sé qué tengo que hacer. Esta semana he estado bastante tranquilo, y el viernes no se me pasó por la cabeza más de cinco o seis veces lo de ir a la orgía (parece extraño hablar con esta naturalidad de esas cerdadas, pero yo ya casi he tocado fondo)o hacer alguna que otra barbaridad de esas que se me ocurren.
Cuando fui a hablar con Rubén (lo llamaré así), me pregunto si había alguna persona concreta con la que me juntaba. Le dije la verdad: no es nadie concreto. Sería más fácil. Lo que ocurre es que me conozco todos los sitios de la ciudad donde se puede tener sexoa anónimo (y no son pocos). ¿Cómo me los puedo quitar de la cabeza, si es tan fácil ir?. Aunque esté más tranquilo, es sólo un pequeño descanso que me da la enfermedad, yo creo que por la esperanza de la terapia y de la ayuda de Rubén. Pero si me dejo llevar, viene el desastre seguro.
¿Debería comentarle mis miedos de tener alguna ETS? No tengo síntomas, pero, por un lado, muchas ETS no los tienen al principio. Por otro lado, soy un poco hipocondríaco. Además,no sé si en este momento podría aceptar tener un problema añadido. Creo que preferiría morirme.
Por otro lado, no sé como irá la entrevista con Rubén. ¿Me preguntará algo?. La otra vez se lo conté todo, bastante sumariamente, eso sí. Si no lleva él las riendas, no sé cómo adelantaremos, porque estoy bastante asténico, destensionado, pocho o como queráis.

He tenido que moderar los comentarios porque estaba recibiendo el ataque de dos trolls, que venían sólo a fastidiar. Con lo que a mí me gusta la libertad de expresión, pero estos tíos eran una especie de talibanes ateos y prohomosexualismo. No tengo tiempo para responder a cada comentario del tipo de "la Iglesia y la Inquisición " o "los fachas son antigay". Es demasiado elemental para mí.
Yo lo que quiero es ser heterosexual, salir de este pozo.
A ver si mañana puedo postear alguna grata novedad.

viernes, febrero 17, 2006

Cómo funciona el complejo homosexual

Sigo con el pensamiento de Aardberg, en el librito "homosexualidad y esperanza.
Dice así:

Cuando se trata de descubrir la verdadera naturaleza del amor homosexual se produce a menudo una resistencia indignada: “¿Por qué no se me permite ser feliz tal como soy?”, ésta es la dramática pregunta fácilmente previsible. Sin embargo, la cuestión no es si está permitido o no, sino si es viable o no. Muchas personas con tendencias homosexuales no están dispuestas a ser desligadas de sus sentimientos ilusorios, al igual que tampoco lo están los alcohólicos o drogadictos de sus estimulantes.

A partir de la literatura y la experiencia clínica, podemos establecer unas pautas en el complejo homosexual, tanto en hombres como en mujeres:

1. Búsqueda repetitiva de un amante


A pesar de que las mujeres con tendencias homosexuales tienen generalmente relaciones más duraderas que los varones con tendencias homosexuales, en ningún caso sus relaciones duran más de unos pocos años. La dependencia neurótica al deseo nunca satisfecho –queja neurótica- les domina y les fuerza a tener siempre nuevas ilusiones.

2. El deseo homosexual es transitorio y superficial

Estos deseos homosexuales, y los que están asociados a ellos (“calor”, compasión,...), deberían ser experimentados como lo más gozoso en la vida de una persona. Desde luego esto es una autodecepción. Los sentimientos homosexuales, ensalzados a veces como “puro amor” (“más profundo incluso que el amor matrimonial”), tienen de hecho poco en común con el amor real y verdadero. El “amor” homosexual es egocéntrico. Es una súplica de atención. Esto se observa en la forma en que usualmente se rompen las relaciones. El compañero sirve para aliviar la necesidad infantil del propio ego, así que no es realmente amado por lo que es. El resultado es que, por un lado, el homosexual se “agarra” a su compañero; por otro, existe una falta real de interés o indiferencia. Resulta muy gráfica la forma que tienen de hablar sobre sus relaciones pasadas: sin emoción, al igual que un niño cuando abandona un juguete en el que y ano está interesado.

3. Las personas con tendencias homosexuales y otros neuróticos padecen autocompasión compulsiva.

No todos expresan su autocompasión y tendencia a la queja de un modo dramático. Si se les conoce un poco más, sin embargo, casi siempre se puede percibir en ellos la autocompasión. Tienden a pensar en términos de problemas y preocupaciones; algunos son evidentemente demasiado emocionales; otros son más del tipo quejoso y lloroso; otros son hipercríticos consigo mismos o con otros; a veces sienten malestar físico (que dramatizan), depresiones, crisis nerviosas, soledad, apatía, dificultad para relacionarse con los demás, etc.
La verdadera alegría y júbilo auténtico es justamente lo contrario a esta enfermedad. Es verdad que algunos homosexuales interpretan el papel de bufón o gracioso, pero analizándolo de cerca, parece claro que detrás de esto se esconde el niño autocompasivo y depresivo. Podría ser una manera pueril de que ese ego infantil quiera llamar la atención. Subyace siempre un desasosiego.

4. Las personas con tendencias homosexuales ansían llamar la atención

Se aferran a los demás para llamar su atención. Se presentan inconscientemente como víctimas y pelan a la ayuda y protección de los sentimientos compasivos de los demás. Algunos se imponen en su ambiente y otros lo tiranizan, al igual que un niño. Buscan, en primer lugar, la atención de un compañero deseado, pero esta búsqueda de atención puede convertirse en el modo habitual de relacionarse con los demás.

5. El egocentrismo es otra característica neurótica universal.

Esto implica que, en gran parte, sentir y pensar egocéntricamente produce como resultado un reducido interés o amor por los demás. “Mi esposo se desvive por las personas de su entorno”, me dijo una vez la esposa de un homosexual, “pero es incapaz de dar amor. No sabe qué es eso”. Cuanto más predomina el complejo homosexual en la vida emocional de una persona, tanto más es verdadera esta descripción.

6. El “niño autocompasivo” en el adulto es inmaduro emocionalmente en otras áreas, además de la sexual.

El infantilismo emocional de las personas que tienen un complejo homosexual hace que se comporten y piensen como niños, y que repriman –dependiendo de la fuerza del complejo- la madurez emocional normal.

7. Permanecer parcialmente como un niño afecta también a la relación con los padres

Los hombres con este complejo mantienen más a menudo algún tipo de “vínculo materno” o una actitud hostil de reproche hacia su padre porque existe un “vínculo negativo” hacia él. Algo parecido vale para las mujeres lesbianas. El vínculo establecido con los padres puede contener elementos ambivalentes: apegarse dependientemente a la madre, y tender al mismo tiempo a mantener disputas con ella, que descargan la irritación.

8. El “entrañable niño de antaño” mantiene sentimientos y actitudes infantiles hacia el sexo opuesto

Es posible que el hombre homosexual continúe odiando a las mujeres, del mismo modo que el adolescente de su pasado las veía como intrusas en su vida, rivales que le robaban sus amigos o, simplemente, como “esas chicas estúpidas” que entran a saco en el mundo de los chicos. Es posible que se siga sintiendo inferior y tenga miedo ante ellas avergonzándose de su masculinidad insuficiente. Es posible también que siga viendo a ciertas mujeres como figuras protectoras, maternales, afectuosas; y no como mujeres con las que relacionarse como un adulto. En términos similares, la “muchachita que persiste en la mujer lesbiana” sigue viendo a los hombres a través del cristal de la aversión, de la envidia, del miedo o de la molestia.

9. Las personas con tendencias homosexuales tienen dificultades en aceptar plenamente su identidad sexual, la llamada “identidad de género”

El hombre experimenta lo masculino como si no le perteneciera; la mujer lesbiana se siente intranquila ante las cosas femeninas. Sin embargo, es incorrecto pensar que estos hombres se sienten como mujeres; o que las lesbianas se sienten hombres.

10. Finalmente, no es superfluo resaltar que el complejo homosexual es sólo una parte de la personalidad de un sujeto

La persona entera es mucho más que su personalidad infantil, aunque algunos con tendencias homosexuales sean muy inmaduros. Si nos fijamos un poco más, descubriremos que cada hombre o mujer afectado de homosexualidad tiene muchas tendencias o cualidades adultas. Puesto que nuestro estudio se centra en la parte infantil de la personalidad, podemos dar la impresión equivocada de que estamos hablando de personas totalmente enfermas. De hecho, el psicoterapeuta trata en mayor medida la parte adulta de la personalidad homosexual, y haciendo hincapié en esta parte adulta es como podemos esperar observaciones realistas, buena voluntad y otros elementos curativos. La parte adulta de la personalidad es también la más interesante de las dos: está viva, mientras que el rasgo infantil del ego es más parecido a un mecanismo rígido y estereotipado. En la vida de cada día, lo que más abunda es una mezcla de los aspectos maduros e infantiles de la personalidad.

La bisexualidad deriva de esta estructura de doble personalidad: la inclinación sexual de la parte adulta, en su máximo desarrollo, está enfocada directamente hacia el objeto maduro de la personalidad, es decir, el sexo opuesto. El “niño autocompasivo”, por su parte, empuja la sexualidad hacia sus objetos inmaduros. Puesto que una parte de la personalidad bisexual anula la otra, es evidente que la heterosexualidad de estas personas no está aún desarrollada.



BUENO, creo que el análisis es estupendo. No sé qué opináis. Yo, la verdad es que me veo bastante reflejado en algunos puntos.

jueves, febrero 16, 2006

Tolerancia cero.



Absolutamente lamentable.
Aunque las fotos responden a hechos de hace dos años, y se han difundido ahora por motivos políticos, espero que en EEUU sirvan para revisar los procesos judiciales de entonces, y asegurar que se haga justicia si no se ha hecho. Quizá se podría revisar, por ejemplo, lo de Guantánamo... en fin.

A mí, además, esta fotografía me hace reflexionar sobre lo que es capaz de hacer el hombre alejado de Dios: Poner a su hermano "patas pa arriba". El mundo al revés. Me gustaría tener delante a los que han provocado esta tortura, a quienes la han permitido, a los que han mirado hacia otro lado, y decirles: ¿No os dáis cuenta de que este es vuestro hermano?

Por otro lado, no puedo dejar de reflexionar en mi comportamiento. Me doy cuenta de que, tantas veces, en lugar de ver al otro como un hermano, lo veo como un cuerpo, como un medio par aalcanzar mis propósitos. Pienso en todas las personas a las que he utilizado, en todas las que utilizaría si pudiera, y me avergüenzo. Recuerdo a un chaval medio drogado, de esos que tantas veces se encuentran en algunos locales de ambiente a altas horas de la noche. No sé qué habría tomado, si sería sólo alcohol o si serían otras cosas. Recuerdo que iba de mano en mano, riéndose, sin darse cuenta de que se lo pasaban como a un kleenex. El chaval se reía. Me gustaría tenerle delante ahora mismo y decirle: PERDÓNAME.

Hace un tiempo que rezo por todas las personas que he utilizado, por todas a las que he considerado un medio...
Qué cabrón he sido.

miércoles, febrero 15, 2006

¿La homosexualidad es un trastorno?

Transcribo un artículo que viene de una traducción de un informe sobre cómo se quitó la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales. No tiene desperdicio. El original está en la red, pero en inglés, por esto he puesto este, por si alguno no habla english

El juicio sobre la homosexualidad ha experimentado diversas variaciones a lo largo de la Historia. En general, las culturas de la Antigüedad generalmente la juzgaron moralmente reprobable. Egipcios y mesopotámicos la contemplaron con desdén mientras que para el pueblo de Israel se hallaba incluida en el listado de una serie de conductas indignas del pueblo de Dios que se extendían del adulterio a la zoofilia pasando por el robo o la idolatría (Levítico 18, 22). No en vano, el Antiguo Testamento incluía entre los relatos más cargados de dramatismo el de la destrucción de Sodoma y Gomorra (Génesis 13, 14, 18 y 19), cuyos habitantes habían sido castigados por Dios por practicar la homosexualidad. Durante el período clásico, la visión fue menos uniforme. En Grecia, por ejemplo, alguna formas de conducta homosexual masculina y sin penetración era tolerable mientras que en Roma fue duramente fustigada por autores como Tácito o Suetonio como un signo de degeneración moral e incluso de decadencia cívica. El cristianismo -que, a fin de cuentas, había nacido del judaísmo- también condenó expresamente la práctica de la homosexualidad. No sólo Jesús legitimó lo enseñado por la ley de Moisés sin hacer excepción con los actos homosexuales (Mateo 5, 17-20) sino que el Nuevo Testamento en general condenó la práctica de la homosexualidad considerándola contraria a la ley de Dios y a la Naturaleza (Romanos 1, 26-27) y afirmando que quienes incurrieran en ella, al igual que los que practicaran otro tipo de pecados, no entrarían en el Reino de los cielos (I Corintios 6, 9).

La condena de la práctica homosexual fue común en los Padres de la Iglesia y en los documentos más antiguos de disciplina eclesial aparece como uno de los pecados que se penan con la excomunión. Partiendo de esta base no resulta extraño que el mundo medieval -tanto judeo y cristiano como musulmán- condenara las prácticas homosexuales e incluso las penara legalmente aunque luego en la vida cotidiana fuera tan tolerante -o tan intolerante- con esta conducta como con otras consideradas pecado. Esta actitud fue aplastantemente mayoritaria en occidente -y en buena parte del resto del globo- durante los siglos siguientes. Esencialmente, la visión negativa de la homosexualidad estaba relacionada con patrones religiosos y morales y no con una calificación médica o psiquiátrica. El homosexual podía cometer actos censurables -no más por otra parte que otros condenados por la ley de Dios- que incluso se calificaban de contrarios a la Naturaleza y de perversión. No obstante, no se identificaba su conducta con un trastorno mental o con un desarreglo físico. En realidad, para llegar a ese juicio habría que esperar a la consolidación de la psiquiatría como ciencia.

Partiendo de una visión que consideraba como natural el comportamiento heterosexual -que meramente en términos estadísticos es de una incidencia muy superior- la psiquiatría incluiría desde el principio la inclinación homosexual -y no sólo los actos como sucedía con los juicios teológicos- entre las enfermedades que podían y debían ser tratadas. Richard von Kraft-Ebing, uno de los padres de la moderna psiquiatría del que Freud se reconocía tributario, la consideró incluso como una enfermedad degenerativa en su Psychopatia Sexualis. De manera no tan difícil de comprender, ni siquiera la llegada del psicoanálisis variaría ese juicio. Es cierto que Freud escribiría en 1935 una compasiva carta a la madre norteamericana de un homosexual en la que le aseguraba que «la homosexualidad con seguridad no es una ventaja, pero tampoco es algo de lo que avergonzarse, ni un vicio, ni una degradación, ni puede ser clasificado como una enfermedad». Sin embargo, sus trabajos científicos resultan menos halagüeños no sólo para las prácticas sino incluso para la mera condición de homosexual. Por ejemplo, en sus Tres ensayos sobre la teoría de la sexualidad, Freud incluyó la homosexualidad entre las «perversiones» o «aberraciones sexuales», por usar sus términos, de la misma manera que el fetichismo del cabello y el pie o las prácticas sádicas. A juicio de Freud, la homosexualidad era una manifestación de falta de desarrollo sexual y psicológico que se traducía en fijar a la persona en un comportamiento previo a la madurez heterosexual.

En un sentido similar, e incluso con matices de mayor dureza, se pronunciaron también los otros grandes popes del psicoanálisis, Adler y Jung. Los psicoanalistas posteriores no sólo no modificaron estos juicios sino que incluso los acentuaron a la vez que aplicaban tratamientos considerados curativos contra la inclinación homosexual. En los años cuarenta del siglo XX, por ejemplo, Sandor Rado sostuvo que la homosexualidad era un trastorno fóbico hacia las personas del sexo contrario, lo que la convertía en susceptible de ser tratada como otras fobias. Bieber y otros psiquiatras, ya en los años sesenta, partiendo del análisis derivado de trabajar con un considerable número de pacientes homosexuales, afirmaron que la homosexualidad era un trastorno psicológico derivado de relaciones familiares patológicas durante el período edípico. Charles Socarides en esa misma década y en la siguiente -de hecho hasta el día de hoy- defendía, por el contrario, la tesis de que la homosexualidad se originaba en una época pre-edípica y que por lo tanto resultaba mucho más patológica de lo que se había pensado hasta entonces. Socarides es una especie de bestia negra del movimiento gay hasta el día de hoy pero resulta difícil pensar en alguien que en el campo de la psiquiatría haya estudiado más minuciosa y exhaustivamente la cuestión homosexual. Curiosamente, la relativización de esos juicios médicos procedió no del campo de la psiquiatría sino de personajes procedentes de ciencias como la zoología (Alfred C. Kinsey) cuyas tesis fueron frontalmente negadas por la ciencia psiquiátrica. De manera comprensible y partiendo de estos antecedentes, el DSM (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) incluía la homosexualidad en el listado de desórdenes mentales. Sin embargo, en 1973 la homosexualidad fue extraída del DSM en medio de lo que el congresista norteamericano W. Dannemeyer denominaría «una de las narraciones más deprimentes en los anales de la medicina moderna». El episodio ha sido relatado ampliamente por uno de sus protagonistas, Ronald Bayer, conocido simpatizante de la causa gay, y ciertamente constituye un ejemplo notable de cómo la militancia política puede interferir en el discurso científico modelándolo y alterándolo. Según el testimonio de Bayer, dado que la convención de la Asociación psiquiátrica americana (APA) de 1970 iba a celebrarse en San Francisco, distintos dirigentes homosexuales acordaron realizar un ataque concertado contra esta entidad. Se iba a llevar así a cabo «el primer esfuerzo sistemático para trastornar las reuniones anuales de la APA». Cuando Irving Bieber, una famosa autoridad en transexualismo y homosexualidad, estaba realizando un seminario sobre el tema, un grupo de activistas gays irrumpió en el recinto para oponerse a su exposición. Mientras se reían de sus palabras y se burlaban de su exposición, uno de los militantes gays le gritó: «He leído tu libro, Dr. Bieber, y si ese libro hablara de los negros de la manera que habla de los homosexuales, te arrastrarían y te machacarían y te lo merecerías». Igualar el racismo con el diagnóstico médico era pura demagogia y no resulta por ello extraño que los presentes manifestaran su desagrado ante aquella manifestación de fuerza.

Sin embargo, el obstruccionismo gay a las exposiciones de los psiquiatras tan sólo acababa de empezar. Cuando el psiquiatra australiano Nathaniel McConaghy se refería al uso de «técnicas condicionantes aversivas» para tratar la homosexualidad, los activistas gays comenzaron a lanzar gritos llamándole «sádico» y calificando semejante acción de «tortura». Incluso uno se levantó y le dijo: «¿Dónde resides, en Auchswitz?». A continuación los manifestantes indicaron su deseo de intervenir diciendo que habían esperado cinco mil años mientras uno de ellos comenzaba a leer una lista de «demandas gays». Mientras los militantes acusaban a los psiquiatras de que su profesión era «un instrumento de opresión y tortura», la mayoría de los médicos abandonaron indignados la sala. Sin embargo, no todos pensaban así. De hecho, algunos psiquiatras encontraron en las presiones gays alicientes inesperados. El Dr. Kent Robinson, por ejemplo, se entrevistó con Larry Littlejohn, uno de los dirigentes gays, y le confesó que creía que ese tipo de tácticas eran necesarias, ya que la APA se negaba sistemáticamente a dejar que los militantes gays aparecieran en el programa oficial. A continuación se dirigió a John Ewing, presidente del comité de programación, y le dijo que sería conveniente ceder a las pretensiones de los gays porque de lo contrario «no iban solamente a acabar con una parte» de la reunión anual de la APA. Según el testimonio de Bayer, «notando los términos coercitivos de la petición, Ewing aceptó rápidamente estipulando sólo que, de acuerdo con las reglas de la convención de la APA, un psiquiatra tenía que presidir la sesión propuesta». Que la APA se sospechaba con quién se enfrentaba se desprende del hecho de que contratara a unos expertos en seguridad para que evitaran más manifestaciones de violencia gay. No sirvió de nada.

El 3 de mayo de 1971, un grupo de activistas gays irrumpió en la reunión de psiquiatras del año y su dirigente, tras apoderarse del micrófono, les espetó que no tenían ningún derecho a discutir el tema de la homosexualidad y añadió: «Podéis tomar esto como una declaración de guerra contra vosotros». Según refiere Bayer, los gays se sirvieron a continuación de credenciales falsas para anegar el recinto y amenazaron a los que estaban a cargo de la exposición sobre tratamientos de la homosexualidad con destruir todo el material si no procedían a retirarlo inmediatamente. A continuación se inició un panel desarrollado por cinco militantes gays en el que defendieron la homosexualidad como un estilo de vida y atacaron a la psiquiatría como «el enemigo más peligroso de los homosexuales en la sociedad contemporánea». Dado que la inmensa mayoría de los psiquiatras podía ser más o menos competente, pero desde luego ni estaba acostumbrada a que sus pacientes les dijeran lo que debían hacer ni se caracterizaba por el dominio de las tácticas de presión violenta de grupos organizados, la victoria del lobby gay fue clamorosa. De hecho, para 1972, había logrado imponerse como una presencia obligada en la reunión anual de la APA. El año siguiente fue el de la gran ofensiva encaminada a que la APA borrara del DSM la mención de la homosexualidad. Las ponencias de psiquiatras especializados en el tema como Spitzer, Socarides, Bieber o McDevitt fueron ahogadas reduciendo su tiempo de exposición a un ridículo cuarto de hora mientras los dirigentes gays y algún psiquiatra políticamente correcto realizaban declaraciones ante la prensa en las que se anunciaba que «los médicos deciden que los homosexuales no son anormales».

Finalmente, la alianza de Kent Robinson, el lobby gay y Judd Marmor, que ambicionaba ser elegido presidente de la APA, sometió a discusión un documento cuya finalidad era eliminar la mención de la homosexualidad del DSM. Su aprobación, a pesar de la propaganda y de las presiones, no obtuvo más que el 58 por ciento de los votos. Se trataba, sin duda, de una mayoría cualificada para una decisión política pero un tanto sobrecogedora para un análisis científico de un problema médico. No obstante, buena parte de los miembros de la APA no estaban dispuestos a rendirse ante lo que consideraban una intromisión intolerable y violenta de la militancia gay. En 1980, el DSM incluyó entre los trastornos mentales una nueva dolencia de carácter homosexual conocida como ego-distónico. Con el término se había referencia a aquella homosexualidad que, a la vez, causaba un pesar persistente al que la padecía. En realidad, se trataba de una solución de compromiso para apaciguar a los psiquiatras -en su mayoría psicoanalistas- que seguían considerando la homosexualidad una dolencia psíquica y que consideraban una obligación médica y moral ofrecer tratamiento adecuado a los que la padecían. Se trató de un triunfo temporal frente a la influencia gay. En 1986, los activistas gays lograban expulsar aquella dolencia del nuevo DSM e incluso obtendrían un nuevo triunfo al lograr que también se excluyera la paidofilia de la lista de los trastornos psicológicos. En Estados Unidos, al menos estatutariamente, la homosexualidad -y la paidofilia- había dejado de ser una dolencia susceptible de tratamiento psiquiátrico. Cuestión aparte es que millares de psiquiatras aceptaran aquel paso porque la realidad es que hasta la fecha han seguido insistiendo en que la ideología política en este caso la del movimiento gay- no puede marcar sus decisiones a la ciencia y en que, al haber consentido en ello la APA, tal comportamiento sólo ha servido para privar a los enfermos del tratamiento que necesitaban. Se piense lo que se piense al respecto -y la falta de unanimidad médica debería ser una buena razón para optar por la prudencia en cuanto a las opiniones tajantes- la verdad era que la decisión final que afirmaba que la homosexualidad no era un trastorno psicológico había estado más basada en la acción política que en una consideración científica de la evidencia. Por ello, ética y científicamente no se diferenciaba mucho de aberraciones históricas como el proceso de Galileo o las purgas realizadas por Lysenko.

Por César VIDAL
La Razón, martes 31 de diciembre de 2002

martes, febrero 14, 2006

Le increpaban para que se callara

Ayer, siguiendo las directrices de mi flamante director espiritual, abrí al azar los evnagelios, buscando el primer relato de curación de Jesús. Salió el ciego de Jericó, Lc 18, 35-43.
Cuenta la historia de un ciego que ha visto en una época de su vida (como yo, que en una época, aunque lejana, tuve control sobre mi vida), pero que ha perdido la vista. Al escuchar que pasa Jesús, se pone a gritar: Jesús, hijo de David, ten compasión de mí. La gente LE INCREPA PARA QUE SE CALLE, pero ÉL GRITA MÁS FUERTE. (A mí, desde ayer, me están llegando los improperios, insultos, etc... Me piden muchos que me calle, que lo de la terapia es una barbaridad, me dicen que soy un fanático, etc...) Pero yo QUIERO GRITAR MÁS FUERTE.
Al final, Jesús le pregunta ¿Qué quieres que te haga?
Yo le digo :"Señor, cúrame, levántame, ayúdame a recuperar la vista, devuélveme la inocencia"
Sólo por recuperar la esperanza, me siento mucho más ligero.

No me callarán. Necesito que Jesús se pare, y no esas teorías tan fatuas que muchos ostentan, del tipo acéptate-como-eres o nuncacambiarás.

Jesús se ha parado tantas veces. Seguro que se para de nuevo.

lunes, febrero 13, 2006

Empiezo la terapia

Hoy, por fin, me he decidido.
Sin haberme preparado muy bien lo que iba a decir, he vuelto a hablar con uno de mis últimos confesores (yo siempre estoy cambiando de confesor, aunque sé que no se debe, porque me da vergüenza repetir). La cosa es que este padre jesuíta, cuando me confesé, me dijo que fuera a hablar con él, si quería, con más tranquilidad, que tenía ayuda para mí.
Así lo he hecho.
Sin pedir cita ni nada. Me he presentado en el despacho, pidiémdole a la Virgen que me ayudara.
Me ha atendido perfectamente. Me he sentado y le he contado un sumario de mi vida, con especial atención a los problemas de la homosexualidad. En fin, le he pedido que me ayudara con la dirección espiritual, y que me busque un psicólogo.
Me ha escuchado con grandísima atención. No me ha reñido absolutamente. Ni un sólocomentario negativo. Sólo palabras de ánimo.
Me ha pedido que, a lo largo de la semana vaya meditando en los milagros de curaciones del evangelio, que rece todos los días al menos media hora, que me fije, sobretodo, en la figura de Dios Padre, y en la de mi padre de la tierra (que ya no está aquí, pero que, la verdad, tampoco estuvo durante mi infancia). Esto, a nivel espiritual. A nivel médico hems quedado para la semana que viene para concretar una cita con el Psicólogo.
Me siento muuuuuuy relajado. No creía que sería capaz de ponerme delante de un desconocido y contarle mis historias más ocultas. Sin parpadear, sin una lágrima. Creo que he tocado casi fondo (No os lo he contado, pero este viernes he vuelto a descubrir hasta que punto actúo de forma compulsiva con respecto a la sexualidad)
Empiezo la terapia.
Rezad por mí, porque lo necesito más que nunca. El psicólogo que me ha recomendado está muy ocupado, y espero que tenga tiempo para mí.
A los que aún no os habéis decidido, pues ya sabéis.

domingo, febrero 12, 2006

Datos científicos sobre la homosexualidad como enfermedad.

La Asociación Médica Católica publicó hace un tiempo un documento titulado como este Blog. Es fácil descargarlo, poniendo en el Google "Homosexulaidad esperanza". Como es un pelín largo, he pensado en ponerlo a trocitos aquí para que lo podamos meditar poco a poco.
Uno de los enlaces donde está es este
http://www.churchforum.org/info/Familia/homosexualidad/la_homosexualidad_y_esperanza.htm

Pero antes, pongo un texto de Aardberg, un psiquiatra no católico, en "homosexualidad y esperanza". Gerard J.M. van den Aardweg, holandés, Doctor en Psicología por la Universidad de Amsterdam, es especialista en terapia de la homosexualidad y cuenta con una amplia experiencia profesional en este campo. Actualmente ejerce la psicoterapia en Aerdenhout (Holanda). Ha impartido cursos en la Universidad de Brasil y publicado numerosas publicaciones científicas en Europa y Estados Unidos.

Este post lleva las citas al final. Si alguno quiere discutirlo, le pido que aporte los textos científicos en los que se apoya para negar los datos de un científico.

LA HOMOSEXUALIDAD COMO TRASTORNO PSÍQUICO


Los primeros estudios sistemáticos sobre la homosexualidad se llevaron a cabo en el siglo XIX por autores como Krafft-Ebing y Magnus Hirschfield, que interpretaron sus datos a la luz de las teorías fisiológicas y biológicas predominantes en aquella época. La noción de “tercer sexo” o “intersexo”, por ejemplo, fue popular por aquel entonces. Sigmund Freud fue uno de los primeros en formular teorías acerca de la homosexualidad basándose en la importancia de los factores psicológicos. Pensó, entre otras cosas, que la persona con tendencias homosexuales se sentía identificada desde la niñez, con el padre de sexo opuesto y tenía una relación conflictiva con el padre del mismo sexo .

Por consiguiente, Freud se fijó en la infancia, y enfocó especialmente su atención en esta relación padre-hijo. Consideró la homosexualidad como un trastorno eminentemente psíquico, que probablemente fuera estimulado por factores biológicos (hereditarios, según él) aún desconocidos. Uno de los primeros en no creer en la importancia del factor hereditario –quizá el primero- fue Alfred Adler, discípulo de Freud. Este “descubridor” del complejo de inferioridad describió en 1917 la homosexualidad como una consecuencia de tal complejo1. Sus observaciones le enseñaron que las personas con sentimientos homosexuales tienen invariablemente complejos de inferioridad en su masculinidad o femineidad .

Otro discípulo de Freud, Wilhelm Stekel2, acumuló una gran experiencia clínica con gente afectada por problemas psicosexuales y describió algunas observaciones originales de sus pacientes con tendencias homosexuales. La homosexualidad, teorizó, es la consecuencia del miedo al sexo opuesto. Confirmando las teorías de Freud relativas al origen psicodinámico de la homosexualidad en la niñez, Stekel minimizó la importancia de la supuesta predisposición hereditaria (mucho más de lo que hizo Freud) y quizá fue el primero en clasificarla como una neurosis. Además, no estuvo de acuerdo con Freud sobre el papel causal del famoso “complejo de Edipo”, y señaló una serie de errores en la educación del niño que podrían ocasionar la neurosis homosexual. Subrayó el papel del padre, a menudo mucho más importante que el de la madre, como causa de la homosexualidad masculina. También apuntó el carácter infantil de la vida interior de estos pacientes –entendió la homosexualidad como un “infantilismo psíquico”3- y resaltó que la motivación homosexual estaba intrínsecamente ligada a sentimientos de infelicidad . Más que Freud, creyó en la posibilidad de un cambio radical de la inclinación homosexual; aunque también pensó que esto ocurría raras veces. Sus observaciones influyeron profundamente en el pensamiento de sus discípulos.

La segunda y tercera generación de psicoanalistas se basaron en los fundamentos dejados por sus predecesores. E. Bergler, psiquiatra austroamericano, introdujo un factor original: el llamado masoquismo psíquico4. El impulso homosexual contiene, según él una especie de autotormento, una necesidad inconsciente de sentirse rechazado y, en general, de “coleccionar injusticias”: situaciones desagradables y experiencias que dan la oportunidad de sufrir (de la misma manera que se dice que algunas personas buscan los problemas ).

I. Bieber, otro psiquiatra estadounidense, y sus colaboradores han estimulado notablemente las investigaciones psicológicas de la homosexualidad gracias a su extenso estudio estadístico sobre la personalidad y sus factores infantiles en varones homosexuales5. Ya he anotado la escasez de hallazgos en los campos de la psicología y biología. Por otro lado, Bieber –al igual que sus sucesores- ha presentado con cronométrica regularidad un número más o menos específico de factores infantiles en hombres con tendencias homosexuales . Estos factores están entrelazados y forman un patrón reconocible relacionado de cerca con el proceso causal. Este patrón consiste en relaciones interpersonales con los padres, hermanos, y con el llamado grupo de los iguales , así como otros datos referentes al desarrollo psicológico, lo cual no es difícil de unir al pensamiento de los teóricos de la psicología moderna6. Las estadísticas de Bieber y sus colaboradores pueden ser usadas también como plataforma para la teoría de la homosexualidad que voy a exponer. Dichas estadísticas son más aceptables por haber sido recogidas en varios subgrupos de personas inclinadas a la homosexualidad y en varios países.

La teoría no surgió de repente, sino que es el resultado de una evolución gradual de las investigaciones relativas a la neurosis y a la homosexualidad llevadas a cabo por psicoterapeutas formados psicoanalíticamente. Su fundador, el psiquiatra holandés Johan Leonard Arndt (1892-1965), integró una amplia variedad de observaciones y exámenes de los primeros teóricos, principalmente de Adler y de su propio maestro, Stekel. Arndt confirmó y elaboró un cierto número de las observaciones de Stekel, tales como: “Él (el homosexual) es infeliz, se siente condenado irremediablemente al sufrimiento”; Nunca he visto a un homosexual feliz o sano”; “(es) un eterno niño... que lucha con el adulto”7

Al introducir el principio de autocompasión, Arndt no niega de ningún modo las conclusiones de sus predecesores, sino que las completa con una síntesis que contiene otros datos relevantes obtenidos por autores contemporáneos de las más diversas orientaciones teóricas. El homosexual, dice, al igual que otros neuróticos, puede estar dominado por una estructura interna que se comporta autónomamente como el ego infantil, un niño que se entrega a la autocompasión . Habiendo descubierto este mecanismo en numerosos casos de neurosis poco claros en cuanto a la expresión sexual8, gradualmente se convenció de su aparición en cualquier tipo de neuróticos; finalmente también lo descubrió en los homosexuales9.

Ardnt estaba impresionado por este lamento infantil crónico en los neuróticos adultos, de su persistencia y de su resistencia al cambio; aplicó el concepto freudiano de “represión” para aclarar la fijación de las reacciones infantiles de dolor y autocompasión, así como su carácter autónomo y repetitivo . Para Freud, el importante concepto de represión estaba íntimamente ligado a otro concepto esencial: es subconsciente10. Ya en su primera publicación sobre la histeria, escrita en colaboración con Joseph Breuer11, Freud expuso la hipótesis de que las intensas emociones motivadas como reacción a las frustraciones, con frecuencia no son tratadas correctamente, sino que son suprimidas por la fuerza, de manera que se tratan disociadas del conocimiento consciente. Mantienen, sin embargo, su plena intensidad emocional en el subconsciente. Breuer y Freud se referían especialmente a los sentimientos de dolor, con sus respectivas manifestaciones de lágrimas, suspiros y cólera.

Ardnt identificó la reacción principal de dolor como autocompasión. Sostuvo la hipótesis de que esta emoción fuese reprimida en el subconsciente para, posteriormente, forzar al neurótico a sufrir continuamente los impulsos de esta autocompasión (sin que él los reconozca como tales). La terapia para esta situación consistiría, lógicamente, en hacer consciente la autocompasión inconsciente del “niño que hay dentro y que se queja”. En ese momento, perdería su fuerza compulsiva sobre la mente.

En un principio, yo me adherí a la teoría de Arndt12, pero mis dudas acerca de ella aumentaron con los años, hasta que la rechacé. Innegablemente, la “represión” puede ser la explicación a varios fenómenos que solemos hallar en la psicoterapia. Así, se observa la conocida resistencia a admitir la autocompasión en el preciso momento en que ésta actúa. En efecto, hay algo que contrarresta el reconocimiento consciente de la atocompasión. Creo que este “algo” equivale más a un “orgullo herido”. Además, el proceso de superación de una neurosis, de una neurosis homosexual, una vez reconocido, está mejor descrito como una combinación de la conquista de su autoconciencia y de la lucha, en amplio frente, contra su infantilismo. No es tanto el desbloqueo de las represiones la causa del cambio, cuanto la disminución gradual de hábitos emocionales infantiles profundamente arraigados, como la autocompasión y reacciones asociadas a ésta. Lo más característico del neurótico es su egocentrismo, del cual la autocompasión es quizá el rasgo más sobresaliente. Ganar en madurez emocional equivale en gran medida a disminuir este egocentrismo tan infantil .

La repetición neurótica y la resistencia al cambio se entienden mejor como efectos de los hábitos de formación o como “dependencia” a la autocompasión y a sus tendencias intrínsecamente conexas. Sin un esfuerzo deliberado por parte de la persona neurótica para adquirir autoconocimiento y combatir su autocompasión, ésta tenderá a buscar su satisfacción para, de esta manera, reforzarse . Se supera la neurosis cuando se rompen los lazos de la autocompasión . La concepción freudiana de represión en el subconsciente, y la del mismo subconsciente, me parece demasiado romántica. Estoy de acuerdo con aquellos que no creen en la existencia del subconsciente freudiano. Su existencia no ha sido empíricamente probada13.

En décadas pasadas, muchos otros eminentes psicoterapeutas han estudiado la homosexualidad bajo el punto de vista psicodinámico; sus observaciones y concepciones constituyen contribuciones altamente valiosas, que no son rechazadas por la presente teoría. Destacan nombres como Karen Horney14, H.S. Sullivan15, el psiquiatra y neurólogo francés Marcel Eck16, y los psiquiatras neoyorkinos Charles Socarides17 y Lawrence Hatterer18. El libro de Hatterer merece una atención especial. No construye una teoría general, sino que explica un procedimiento práctico para el tratamiento de los homosexuales de sexo masculino. Describe muchos ejemplos de reacciones emocionales y de comportamiento verificado en sus pacientes, tales como los sentimientos de inferioridad, la idealización del compañero homosexual y la tendencia a sentirse como víctima. Esta y otras observaciones de fenómenos hallados durante la terapia son muy valiosas, y se encuadran en la teoría de la autocompasión.

Los defensores de la teoría que admite la homosexualidad como normal, afirman que cualquiera que siga creyendo que se trata de una condición perturbada, más específicamente de una neurosis, es decir, de un tipo de trastorno emocional, está irremediablemente atrasado. La idea de que este trastorno puede ser superado sería, aún más, una seria manifestación de pensamiento obsoleto. Los partidarios de esta teoría parecen ignorar que es su propia alternativa la que está anticuada. En efecto, siempre recurren explícita o implícitamente, a alguna teoría “de lo innato”; en concreto, el punto de vista del siglo XIX. Los estudios sobre las peculiaridades emocionales de las personas que tienen este problema, así como la identificación del mismo como neurosis y algunos métodos de tratamiento, son recientes.

Aunque el concepto de neurosis es indispensable en la práctica clínica y existe un consenso razonable acerca del diagnóstico de una neurosis en casos individuales, no ha sido posible identificar un instrumento objetivo de diagnóstico para su medida. Los intentos con test “objetivos” fisiológicos y psicológicos para distinguir neuróticos de no-neuróticos no han tenido éxito hasta ahora19 . Por tanto, los investigadores tienen que fiarse del test de la única prueba “subjetiva” que ha logrado éxito: el cuestionario, que en palabras de uno de los principales investigadores, “puede ser fiable para hacer una clara distinción entre neuróticos y personas normales”20. En una variedad de test, realizados en varios países y diferentes grupos socioeconómicos, los expertos han encontrado, sin embargo, el mismo resultado: los grupos de homosexuales alcanzan repetidamente más puntos en las escalas de neurosis, que los grupos de “control ”21. Esta correlación es una buena evidencia científica a favor del carácter neurótico de la homosexualidad. Tales estudios incluyen grupos en situaciones clínicas –aquellos que ya han intentado alguna forma de psicoterapia- y aquellos otros que, por el contrario, se han adaptado a la vida en sociedad22.

En mi opinión, cualquiera que intente acercarse de modo imparcial a las publicaciones de investigación fisiológica y psicológica disponibles tendrá que admitir que la mejor interpretación de la homosexualidad es la que la considera como una variante de neurosis . De hecho, hoy en día, parece que unos pocos sociólogos y cultivadores de otras ciencias humanas admiten esta conclusión, que es ignorada casi del todo por la opinión pública, lo que se debe a las predominantes tendencias prohomosexuales libertarias, que censuran los puntos de vista no deseados. Esto es lamentable y paradójico a la vez, ya que es precisamente en estas últimas décadas cuando la actitud fatalista (acerca de la imposibilidad de cambio en la homosexualidad) ha sido más injustificada que nunca.

Este libro se ha escrito después de más de veinte años de estudio de la homosexualidad, y después de tratar a más de 225 hombres homosexuales a una treintena de lesbianas a la luz de la teoría de la autocompasión. En mi opinión, la teoría de la homosexualidad como forma de neurosis autocompasiva es mucho más que una simple síntesis de material viejo. Es realmente un avance. Entender la naturaleza del problema es mucho más que un ejercicio académico: ofrece la esperanza de que los prisioneros del dogma de la homosexualidad como algo innato e inmutable puedan ser ayudados a madurar emocionalmente.


1. ADLER, ALFRED, Das Problem der Homosexualität, Reinhardt, Munich 1917
2. STEKEL, W., Onanie und Homosexualität, Urban&Schwarzenberg, Viena 1921.
3. STEKEL, W., Psychosexueller Infantilismus, Urban&Schwarzenberg, Viena 1922.
4. BERGLER, E., Homosexuality: Disease or Way of Life?, Hill&Wang, Nueva York 1957.
5. BIEBER, I. Y OTROS, Homosexuality: a Psychoanalystic Study, Basic Books, Nueva York 1962
6. Algunos estudios informando acerca de estos factores: EVANS, R.B., Childhood Parental Relationships of Homosexual Men, en “Journal of Consulting and Clinical Psychology, 33 (1969), pp 129-135; SNORTUM, J.R. Y OTROS, Family Dynamics and Homosexuality, en “Psychological Reports, 24 (1969), pp 763-770; THOMSON, N.L. Y OTROS, Parent-Child Relationships and Sexual Identity in Male and Female Homosexuals and Heterosexuals, en “Journal of consulting and Clinical Psychology”, 41 (1975), pp 120-127; STEPHAN, W.G., Parental Relationships and Early Social Experiences of Activist Male Homosexuals and Male Heterosexuals, en “Journal of Abnormal Psychology, 82 (1973), pp. 506-513; SIEGELMAN, M., Parental Backgrounds of Male Homosexuals and Heterosexuals, en “Archives of Sexual Behavior”, 3 (1974), pp. 3-18; VAN DEN AARDWEG, G.J.M., De factor klaagziekte, neurose en homofilie, en “Psychologica Belgica, 13 (1973), pp. 295-311.
7. STEKEL, W., Onanie und Homosexualität, ya cit.
8. ARNDT, J.L., Zelfdramatisering, Stenfert Kroese, Leiden 1950.
9. ARNDT, J.L., Een bijdrage tot het inzicht in de homosexualiteit, en “Geneeskundige Bladen”, 3 (1961), pp 65-105.
10. MADISON, P., Freud´s Concept of Repression and Defense, University of Minnesota Press, Minneapolis 1961.
11. BREUER, J. Y FREUD, SIGMUND, Studien Ubre Hysterie, Deuticke, Viena 1895
12. VAN DEN AARDWEG, G.J., A Grief Theory of Homosexuality, en “American Journal of Psychotherapy”, 26 (1972), pp. 52-68.
13. HOLMES, D.S. Investigations of repression, en “Psychologial Bulletin” 81 (1974), pp. 632-653
14. HORNEY, KAREN, Our Inner Conflicts, Norton, Nueva York 1975.
15. STACK SULLIVAN, HARRY, The Interpersonal Theory of Psychiatry, Norton, Nueva York 1953.
16. ECK, M., Sodome: Essay sur l´homosexualité, Anthéme Fayard, París 1966
17. SOCARIDES, C. W., The Overt Homosexual, Grune and Stratton, Nueva York 1968, idem, Homosexuality Aronson, Nueva York 1978.
18. HATTERER, L.J., Changing Homosexuality in the Male, McGraw-Hill, Nueva York 1970
19. Sobre tales intentos: EYSENCK, H.J., The Scientific Study of Personality, Routledge & Kegan Paul, Londres 1952; idem, The Dynamics of Anxiety and Hysteria, Routledge & Kegan Paul, Londres 1957; idem, Experiments in Personality, 2 vols. Routledge & Kegan Paul, Londres 1960; EYSENCK, H.J., GRANGER, G.W. Y BRENGELMANN, J.C., Perceptual Processes and Mental Illness, Chapman and Hall, Londres, 1957; CATTELL, R.B. Y SCHEIER, I.H., The meaning and Measurement of Neuroticism and Anxiety, Ronald Press, Nueva York 1961. Un posible candidato a test, EYSENCK, H.J, Dimensions in Personality, Routledge & Kegan Paul, Londres 1947, quedó descartado en la repetición del estudio: CLARIDGE, G., The Excitation-Inhibition Balance in Neurotics, en “Experiments in Personality”, editado por EYSENCK, H.J., vol. 2, Routledge & Kegan Paul, Londres 1960.
20. EYSENCK, Scientific Study of Personality, ya citado.
21. Existen muchos cuestionarios de este tipo, denominados cuestionarios “neuroticistas”: varias escalas o subcuestionarios del Minnesota Multiple Personality Inventory (MMPI) (DAHLSTROM, W.G. Y WELSH, G.S., An MMPI Handbook North Publishing Company, St Paul 1960)); el MAS (TAYLOR J.A., A Personality Scale of Manifest Anxiety, en “Journal of Abnormal and Social Psychology” 48 (1953), pp. 285-290); el Cornell Medical Index (BRODMAN, K., ERDMAN, A.J., LORGE, I., GERHENSON, C.P. Y WOLFF, H.G., The Cornell Medical Index Health Questionnaire III; The Evaluation of Emotional Disturbance, en “Journal of Clinical Psychology”, 8 (1952), pp 119-124); algunas escalas del Sixteen Personality Factor Test (16PF) (CATTEL, R.B. Y STICE, G.F., Handbook of the Sixteen Personality Factor Questionnaire (Institute for Personality and Ability Testing, Champaign, Illinois 1957)); del Maudsley Personality Inventory (MPI) (EYSENCK, H.J., Manual of the Maudsley Personality Inventory, University of London Press, Londres 1959)); y del Eysenck Personality Inventory (EPI) (EYSENCK, S.B.G., Manual fo the Eysenck Personality Inventory, University of London Press, Londres 1964)). Han recibido diferentes nombres, pero los estudios de factor analítico han dejado claro que todos están tan altamente correlacionados que se puede decir que son más o menos idénticos, y miden el mismo factor general de “neuroticismo” o “emotividad neurótica”. BENDIG, .w., Factor Analices of “Anxiety” and “Neuroticism” Inventories, en “Journal of Consulting Psychology, 24 (1960), pp. 161-168, EYSENCK, H.J. Y EYSENCK, S.B.G., Personality Structure and Measurement, Routledge & Kegan Paul, Londres 1969; y GUILFORD, J.P., Factors and factors of Personality, en “Psychological Bulletin”, 82 (1975), pp. 802-814.
22. Los test que confirman este hallazgo han usado el MMPI, el 16PF, el MPI, el EPI, la Neuroticism Scale Questionnaire (NSQ), y el Maudsley Medical Questionnaire (MMQ). Estudios sobre grupos clínicos de personas con tendencia a la homosexualidad (personas en tratamiento) son: VAN DEN AARDWEG, G.J.M., Homofilie, neurose en dwangzelfbeklag, Polak & Van Gennep, Ámsterdam 1967 (Holanda, MMPI y MPI); OLIVER , W.A. Y MOSHER, D.L., Psychopathology and Guilt in Heterosexual and Subgroups of Homosexual Reformatory Inmates, en “Journal of Abnormal Psychology” 73 (1968), pp. 323-329 (EEUU, MMPI); CATTELL, R.B. Y MORONY, J.H., The Use of 16PF in Distinguishing Homosexuals, Normals, and General Criminals, en “Journal of Consulting Psychology”, 26 (1952), pp. 531-540 (Australia, 16PF); VERMEUL, A.W. – VAN MULLEM, Het voorkomen van de zogenaamde homosexuele signs in de Rorschachtest (investigación sin publicar, Gemeente Universiteit, Department of Psychology, Ámsterdam 1960) (Holanda MMQ); y FELDMAN, M.P. Y MACCULLOCH, M.J., Homosexual Behaviour Therapy and Assessment, Pergamon Press, Oxford 1971 (Gran Bretaña, 16PF y EPI). Aquellos que no usan grupos clínicos son CATTELL, R.B. Y MORONY, Use of the 16PF; DOIDGE, W.T. Y HOLTZMAN, W.H., Implications of Homosexuality Among Air Force Trainees, en “Journal of Consulting Psychology”, 24 (1960), pp. 9-13 (EEUU, MMPI); DEAN, R.B. Y RICHARDSON, H., Analysis of MMPI Profiles of Forty College-Educated Overt Male Homosexuals, en “Journal of Consulting Psychology”, 28 (1964), pp. 483-486 (EEUU, MMPI); BRAATEN, L.J. Y DARLING, C.D., Overt and Covert Homosexual Problems Among Male College Students, en “Genetic Psychology Monographs”, 71 (1965), pp, 269-310 (EEUU, MMPI), MANOSEVITZ, M., Early Sexual Behaviour in Adult Homosexual and Heterosexual Males, en “Journal of Abnormal Psychology” 76 (1970), pp. 396-402 (EEUU, MMPI); idem, Education and MMPI-MfSocres in Homosexual and Heterosexual Males, en “Journal of Consulting and Clinical Psychology”, 36 (1971), pp. 395-399 (EEUU, MMPI); EVANS, R.B., Sixteen Personality Factor Questionnaire Scores of Homosexual Men, en “Journal of Consulting and Clinical Psychology”, 34 (1970), pp 212-215 (EEUU, 16PF); SIEGELMAN, M., Adjustment of Male Homosexuals and Heterosexuals, en “Archives of Sexual Behaviour”, 2 (1972), pp. 9-25 (EEUU, NSQ); idem, Psychological Adjustment of Homosexual and Heterosexual Men: A Cross-national Replication, en “Archives of Sexual Behaviour”, 7 (1978), pp. 1-11 (Gran Bretaña, NSQ);, LIONG A KONG, H,P., Neurotische labiliteit en homfilie bij mannen (investigación no publicada, Vrije Universiteit, Department of Psychology, Amsterdam 1965) (Holanda, MPI); y SBARDELINI, E. Y SBARDELINI, E. T., Homosesexualismo masculine e homossexualismo feminine: Neuroticismo e fatores psicológicos na infancia (investigación no publicada, Universidade Católica, Department of Psychology, Campinas, Sao Paulo 1977)

viernes, febrero 10, 2006

Mis problemas, ¿son pequeños?



Esta es la foto de Finbarr O'Reilly ganador del "World Press Photo 2005".
Hermosa y terrible a la vez.
Me recuerda a aquella otra de Kevin Carter, premio Pulitzer 1993


Es terrible lo de esta foto: Kevin, un fotógrafo de guerra estaba fotografiando el reparto de comida en una aldea de Sudán, cuando escuchó gimotear a la niña, que intentaba arrastrarse hasta la cola de la comida. Un momento después vino el buitre, a esperar el final. Kevin esperó 20 minutos por si el pájaro abría las alas, pero, como no lo hizo, fotografió la escena, espanto al buitre y se sentó debajo de un árbol a fumar, rezar y llorar.
Un tiempo después explicó que no sabía qué había ocurrido con la niña, y que estab arrepentido de no haberla ayudao. Tres meses después se suicidó con monóxido de carbono.

Muchos pueden decir:"esos sí que tienen problemas, al lado de los tuyos". Es verdad. Mucha gente muere de hambre cada día, por una mala distribución de los alimentos a causa de una falta de ética política tremenda. Es verdad también que la enormidad de esa tragedia relativiza nuestros sufrimientos, pero yo no sufro menos por saber que hay gente que sufre más. No me sirve de consuelo.
Muchas veces, creo que como todos, he pensado en dejarlo todo y marcharme a echar una mano. Y no desisto de hacerlo algún día.

jueves, febrero 09, 2006

El paganismo es cruel


Hasta hace poco,no me había dado cuenta de lo terrible que es ser pagano.
Lo he descubierto gracias a los comentarios que he ido recibiendo en este blog.
Yo ya sabía, o mejor, intuía que vivir sin la certeza de que Dios existe y nos quiere debe ser terrible. La verdad, esa experiencia yo no la tengo, porque siempre he creido que Dios es mi Padre, aunque con frecuencia viva como el hijo pródigo que se marchó a otras tierras.
Lo que no sabía son las consecuencias que tiene el rechazar la gracia como presencia de Dios en la vida del hombre.
Me explico.
Desde el principio de este blog me he presentado, o lo he intentado, con sinceridad. Para ponerme máscaras tengo muchos otros sitios. Aquí quiero ser yo. Lo he dicho claramente desde el principio: No soy un cristiano modelo, sino uno que quiere serlo. Mi vida cristiana y humana están llenas de errores, incoherencias, heridas, etc... Al mostrar el problema de la homosexualidad y la adicción sexual, no he querido, ni quiero, justificarme en absoluto. Tampoco acuso a la Iglesia, mi madre, de nada. Al contrario: sé que con amor grandísimo y con paciencia infinita me acoge, me consuela, me levanta. La doctrina católica sobre la homosexualidad me parece estupenda.
No soy un hijo fiel de la Iglesia, lo sé, porque hago muchas cosas que ella desaprueba. Pero quiero serlo.
Y aquí esté el problema. Cada día experimento que el bien que quiero hacer, no lo hago, y, en cambio, el mal que no quiero hacer, eso es lo que hago (la expresión es, más o menos, de San Pablo). O sea: en mi caso, el problema no es conocer el bien, ni siquiera desearlo, sino que no tengo fuerzas para ponerlo en práctica. Necesito, pues, la gracia, la ayuda de Dios. Y, en ese pedir, aceptar, rechazar, caer, etc, en esa batalla entre Dios y mi pecado, entre mis buenos y malos deseos, estoy.
A veces venzo, y a veces, las más, pierdo.
Pero sé que son batallas. La guerra ya la ha ganado Jesús por mí.
Bueno, pues a esto vienen los que no conocen la experiencia d ela debilidad y me llenan de imperativos y de improperios.
"Deja de hacer eso""Cochino""Empieza a hacer las cosas bien"...
O sea: si no tengo bastante con constatar mi incapacidad para el bien, sólo me falta que me digan que tengo que cambiar.
COÑO, eso ya lo sé.
El cristianismo es una buena noticia, no una ley.
Jesucristo no ha venido a decirme lo que hago mal y a mandarme que cambie.
Para eso no hacía falta.
Jesucristo a venido a ayudarme, a pagar el precio de mis pecados, a levantarme, a curarme, a consolarme.
Aunque se la pegue mil veces, siempre me espera.
Por eso soy, aunque malo, un cristiano lleno de esperanza.

miércoles, febrero 08, 2006

Tolerancia cero


El Papa espera que el asesinato de un sacerdote en Turquía sea una semilla de fraternidad
06/02/2006 - 22:51
IBLNEWS, AGENCIAS

Al recibir la muerte del asesinato del sacerdote italiano Andrea Santoro, misionero en Turquía, Benedicto XVI ha enviado un mensaje en el que desea que su sangre se convierta en semilla de «auténtica fraternidad entre los pueblos».

El presbítero fue asesinado por un hombre en la tarde de este domingo mientras se encontraba rezando en la iglesia de Santa María Kilisesi, de la que era párroco en Trabzon, ciudad turca en el Mar Negro, después de haber celebrado la misa. Las circunstancias del asesinato están siendo aclaradas en estos momentos por la policía local.

«Deseo que su sangre derramada se convierta en semilla de esperanza para construir una auténtica fraternidad entre los pueblos», reconoce el Papa en uno de los dos telegramas que ha enviado con su propia firma al recibir la noticia.

Uno de los mensajes lo ha enviado al cardenal Camillo Ruini, obispo vicario del Papa para la diócesis originaria del sacerdote, Roma; el otro, al vicario apostólico de Anatolia, el obispo Luigi Padovese.

En el mensaje enviado al cardenal Ruini, el Papa asegura su participación en el dolor «de toda la Iglesia de Roma por la grave pérdida de tan estimado y celoso sacerdote» al que define «valiente testigo del evangelio de la caridad».

En el telegrama enviado al ordinario de Anatolia, el Papa subraya la labor del padre Santoro «a favor del evangelio y al servicio de las personas necesitadas y marginadas».

Al mismo tiempo, el Papa manifiesta su «particular cercanía a esta comunidad cristiana» en Turquía y reafirma su «firme reprobación de toda forma de violencia».

El padre Andrea Santoro, había nacido en Priverno (en la provincia de Latina, cerca de Roma), el 7 de septiembre de 1945 y fue ordenado sacerdote en la diócesis de Roma el 18 de octubre de 1970.

Después de haber trabajado en numerosas parroquias y de haber sido párroco en iglesias de Roma, en el año 2000 partió como misionero «Fidei donum» a Turquía, estableciéndose en Trabzon, donde impulsó la pequeña comunidad católica de Santa María Kilisesi.

En el año 2003, fundó la asociación «Ventana para Oriente Medio», dedicada al estudio, la oración y el diálogo entre Occidente y Oriente Medio (http://www.finestramedioriente.it).

El padre Santoro había recibido en el pasado amenazas de muerte por parte de las mafias de la prostitución, pues había sacado de este tráfico de seres humanos a algunas mujeres cristianas procedentes del Este de Europa llegadas a estas orillas del Mar Negro con la inmigración.

Para que luego digan

La ONU reconoce la labor de la Iglesia en la prevención del SIDA
07/02/2006 - 22:33
IBLNEWS; AGENCIAS

Mientras se presentaba en Roma la primera encíclica de Benedicto XVI, «Dios es amor», representantes de organizaciones católicas de todo el mundo se encontraron en Ginebra para aplicar en la práctica el mensaje papal.

En concreto, los participantes estudiaron los modos de aumentar los recursos y la cooperación en la lucha global contra el vih/sida.

La reunión de los días 23 a 26 de enero pasado, convocada por Caritas Internationalis, la confederación con sede en el Vaticano de las Caritas católicas, se produjo en medio de un creciente interés en el sistema de Naciones Unidas por la implicación de la Iglesia católica en los cuidados a las personas afectadas por el virus del sida.

El organismo de la ONU responsable de la lucha contra el sida, ONUSIDA, estima que el 25% de las organizaciones humanitarias dedicadas a los portadores del virus están apoyadas por estructuras católicas, y muchas de ellas son proyectos de Caritas.

La reunión de cuatro días permitió el encuentro de representantes de la jerarquía eclesial, la confederación de Caritas, organizaciones católicas y confesionales ecuménicas, así como agencias internacionales, incluyendo ONUSIDA y la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Compartieron experiencias y estrategias sobre cómo promover la colaboración y examinar lo que el sistema de Naciones Unidas puede ofrecer a la Iglesia en términos de instrucción, capacitación y experiencia.

Según Duncan MacLaren, secretario general de Caritas, la conferencia cosechó intercambios fructíferos entre la ONU y la Iglesia.

En concreto, dijo, ayudó a superar estereotipos sobre la Iglesia católica respecto a la prevención del sida. Así mismo aumentó la conciencia del papel clave de la Iglesia en promover una respuesta misericordiosa, y centrada en la educación, a la pandemia.

«Las respuesta de los creyentes al sida fue vista en la ONU como un elemento positivo para combatir el estigma y la discriminación, y ayudar a la persona a vivir con el virus para mejor afrontarlo», dijo MacLaren.

«Como dijo una persona que participó en la reunión, “la ONU ahora se da cuenta de que la Iglesia católica es el corazón y el sistema nervioso de nuestras comunidades», explica el representante.

Se espera que, mediante una mejor colaboración, las organizaciones católicas puedan tener un mayor acceso a los fondos administrados por donantes multilaterales, como el Fondo Global para la Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria.

El padre Robert Vitillo, consejero de Caritas para el sida, indicó que las organizaciones confesionales de creyentes, a pesar de su importante implicación en proporcionar cuidados sanitarios en el mundo en desarrollo, reciben una mínima fracción de estas ayudas, apenas el 2%, del Fondo Global.

El padre Vitillo preside el «AIDS Funding Network Group» que integra a Caritas, el CIDSE (Cooperación Internacional para el Desarrollo y Solidaridad) y la organización Missio, se mostró de acuerdo en establecer una oficina de las organizaciones católicas que se ocupan del sida, en Ginebra, que debería facilitarles la ampliación de sus relaciones con Naciones Unidas y ofrecerles un servicio de representación. En el encuentro se formó un pequeño grupo para avanzar en esta estrategia.

martes, febrero 07, 2006

El meme de las manías

Me lo pasa Spaniem11, http://www.blogger.com/profile/6100949

1.- Contar 5 extraños hábitos o manías
2.- Pasar la "bola" a otros 5 amigos


Veamos
1.-Después de cerrar el coche con el mando, siempre compruebo manualmente las puertas.
2.-Cuando voy a coger un avión, reviso 5 o 6 veces en el camino al aeropuerto si llevo el billete, y eso que cojo compañías con billete electrónico
3.-Tirar los calcetines sucios debajo de la cama.
4.-Tirarme de los pelos de la barba cuando estoy nervioso
5.-Encender las luces del pasillo, aunque sean las 12 de mediodía, siempre que paso por él.

No sé a quién pasárselo. Dejad que lo piense.

El pensamiento obligatorio

Vivimos tiempos difíciles, oscuros, llenos de represiones, de violencia contenida, de dogmatismos...
Siempre ha habido violentos y totalitarios. Antes usaban la religión para desahogar sus afanes impositivos sobre los demás. Hoy usan la ideología homosexual, o el liberalismo o el ecologismo o tantas otras causas. Son los mismos perros, con otros collares.
Como aquellos de la Inquisición, estos también usan ideasen sí mismo buenas para atacar, vilipendiar, estigmatizar...
A algunos que, desde sus bonitas posiciones intelectuales, tan asépticas, insisten en que la homosexualidad es como la heterosexualidad, que lo importante es el amor, y no el sexo de la persona a la que amas (como si se pudiera desvincular el tema tan fácilmente), a esos que se llenan la boca de consignas sobre la tolerancia, pero que no han bajado al meollo, a esos me gustaría explicarles lo que he visto por el ambiente.
Pero creo que sería inútil.
Los dogmáticos de hoy son como los de ayer, como los de mañana.

domingo, febrero 05, 2006

Te quiero

Un día me dí cuenta de que mi padre iba a morirse, de que, esta vez, no había solución. Creo que fui el único. Mi hermano, mi madre, todos decían que saldría adelante, pero yo no les creía.
Iba todos los días al hospital, a la UCI, y después de pasar una hora en el box número 3, junto a mi padre anestesiado, me acercaba a que el médico me pusiera al día de los nuevos desastres, de los últimos análisis.
Mi padre se desmoronaba.
Después llamaba a mi madre y a mi hermano, y les ponía al tanto.
Así un día y otro y otro.
Cuando estaba con él, le cogía de la mano con mi mano enguantada en látex. Le tomaba de la mano, porque él me la dió muy pocas veces, y yo la eché de menos muchísimas.
Uno de los últimos días, me acerqué más y le dije: "Te quiero".
Nunca se lo había dicho. Me alegro de haberlo hecho, aunque fuera al final, y aunque él pareciera no oirlo, en parte por los sedantes, y, en parte, porque casi no me salía la voz.
Él nunca me lo dijo, aunque lo demostró siempre, a su manera.
También le dije otra cosa, pero esa no la cuento. Hay lugares donde nadie más debe entrar.
Han pasado muchos meses, y cada vez le echo más de menos. Creí que no sería así.

Brokeback Mountain

Acabo de ver LA peli. No paran de hacerle publicidad en el telediario de la Primera.

A mí como película, como historia etc. me parece aceptable. Es muy interesante esa llamada de atención sobre lo importante que es aprovechar la vida y lo que duele descubrir que has dejado pasar una oportunidad de ser feliz.




PERO:
1.-La visión cristiana es mucho más realista y positiva: No hay UNA posibilidad de ser feliz. La vida no es así. La felicidad nos sale al encuentro repetidamente. Claro que hay que precisar el concepto de felicidad. Según lo que uno espera que sea, puede dejar pasar todas esas oportunidades sin darse cuenta.

2.-Lo que no me acabo de creer es lo de la historia esa del amor homosexual. La verdad: dos tiarrones se encuentran en un descampado y, sin cruzar más de 20 palabras, se ponen a fornicar. Después, mantienen una doble vida durante años. Pues no sé. Si eso es el amor, conmigo que no cuente.

3.-Evidentemente, niego la mayor: es imposible el amor entre dos homosexuales. Me refiero, claro, a un amor pleno como el que puede darse, aunque no siempre se de, entre dos heterosexuales. Y eso porque la homosexualidad es un trastorno en sí mismo que impide, por su naturaleza afectiva, que la relación pueda madurar hasta los niveles de una relación normal (y digo normal expresamente).



Hace tiempo me creí enamorado de un chaval. Estuve incluso a punto de decírselo. Gracias a Dios, nunca lo hice. Descubrí que, en el fondo, lo que llamaba amor era sólo sexo, como el que he tenido con muchos otros. Sólo que él era el primero. Él ha seguido con su vida y yo con la mía. Somos mucho mejor amigos ahora, que no tenemos esos escarceos, que entonces. Los homosexuales confunden el deseo legítimo de ser abrazados, acariciados, besados, de sentirse parte del "grupo de los hombres", con el amor, que es otra cosa. Buscan donde no encontrarán.
Estoy contento, al menos, de no tener una venda en los ojos. Algunos me acusarán de ser poco romántico. Puede ser. Yo creo que el amor no es un sentimiento que viene y va. Tiene que ver con la naturaleza profunda de la persona, con la verdad, con el sentido de su vida... Por eso es mucho más bonito, duradero, luminoso y doloroso, más pleno y estable que cualquier otro sucedáneo.

viernes, febrero 03, 2006

No hay más ciego que el que no quiere ver



NO ES LO MISMO SER CRISTIANO EN UN PAÍS MUSULMÁN QUE SER MUSULMÁN EN UN PAÍS CRISTIANO.
¿Porqué algunos siguen defendiendo que todo es igual a todo?

No al fundamentalismo del tipo que sea.


PROTESTO

Porque algunos salvajes respondan con la violencia personal contra una libertad de prensa que se ha extralimitado.
Eso no justifica que algunos sean unos cerriles, ignorantes de que en Occidente tenemos "separación de poderes".

Publico estas caricaturas porque me parece una reacción desproporcionada.
Y por solidaridad con los europeos que han tenido que huir de Gaza y con la señora de la limpieza que tendrá que limpiar las cochinadas que han pintado en la fachada de la representación de la EU.

miércoles, febrero 01, 2006

Un dia cualquiera

Uno de mis últimos días libres:
7:00 Me despierto, desayuno y enchufo el ordenador para ver los periódicos
8:00 Después de los periódicos, empiezo a navegar por páginas semiporno
9:00 Estoy metido de lleno en el ciber porno
10:00 Me meto en los chats y en las páginas de contactos
11:00 Estoy en varias salas de contactos mientras navego por varías páginas porno, una detrás de otra.
12:00 En el MSN, contacto con varios que buscan un encuentro para hoy, pero no me acabo de decidir. Unos son mayores, otros no responden...
13:00 Concierto una cita para la tarde
14:00 Sigo buscando, por si la cita me falla
15:00 No he comido más que un bocadillo. LLevo 8 horas delante del ordenador
16:00 Me ducho y busco en la red el mapa para ir con mi contacto
17:00 Salgo de casa, después de avisar a ese chico de que voy para allá
18:00 Llego al lugar concertado, pero se retrasa. No responde al móvil.
19:00 Una hora después, sigue sin venir, pero soy incapaz de marcharme. Busco demasiado tener ese encuentro
19:30 Con un mensaje al móvil me avisa de que lo han entretenido en el trabajo. Me marcho
20:00 Pago la entrada a una sauna. No hay casi nadie.
21:00 Me voy a casa, frustrado y de vacío. He tenido que mentir para explicar mi ausencia toda la tarde

Conclusiones:
1.-Soy un adicto al sexo, aunque, lo que busco no es la relación en sí, sino la cercanía de una persona,el sentirme valorado, etc...
2.-Que mi adicción esté relacionada con la homosexualidad es algo por ver, pero a mí me parece evidente.
3.-¿Cómo podría calcular la cantidad de tiempo y las frustraciones a causa de esta enfermedad?

Para acabar: Creo que tengo derecho a:
1.-Ser considerado un enfermo y, como tal:
2.-Recibir tratamiento adecuado.
3.-Ser respetado, porque los que tenemos enfermedades psiquiátricas o psicológicas, aunque se relacionen con el sexo, no dejamos de ser personas humanas.

¿Porqué tantos se ponen nerviosos?


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