Homosexualidad y esperanza

Un cristiano saliendo de la homosexualidad

viernes, febrero 17, 2006

Cómo funciona el complejo homosexual

Sigo con el pensamiento de Aardberg, en el librito "homosexualidad y esperanza.
Dice así:

Cuando se trata de descubrir la verdadera naturaleza del amor homosexual se produce a menudo una resistencia indignada: “¿Por qué no se me permite ser feliz tal como soy?”, ésta es la dramática pregunta fácilmente previsible. Sin embargo, la cuestión no es si está permitido o no, sino si es viable o no. Muchas personas con tendencias homosexuales no están dispuestas a ser desligadas de sus sentimientos ilusorios, al igual que tampoco lo están los alcohólicos o drogadictos de sus estimulantes.

A partir de la literatura y la experiencia clínica, podemos establecer unas pautas en el complejo homosexual, tanto en hombres como en mujeres:

1. Búsqueda repetitiva de un amante


A pesar de que las mujeres con tendencias homosexuales tienen generalmente relaciones más duraderas que los varones con tendencias homosexuales, en ningún caso sus relaciones duran más de unos pocos años. La dependencia neurótica al deseo nunca satisfecho –queja neurótica- les domina y les fuerza a tener siempre nuevas ilusiones.

2. El deseo homosexual es transitorio y superficial

Estos deseos homosexuales, y los que están asociados a ellos (“calor”, compasión,...), deberían ser experimentados como lo más gozoso en la vida de una persona. Desde luego esto es una autodecepción. Los sentimientos homosexuales, ensalzados a veces como “puro amor” (“más profundo incluso que el amor matrimonial”), tienen de hecho poco en común con el amor real y verdadero. El “amor” homosexual es egocéntrico. Es una súplica de atención. Esto se observa en la forma en que usualmente se rompen las relaciones. El compañero sirve para aliviar la necesidad infantil del propio ego, así que no es realmente amado por lo que es. El resultado es que, por un lado, el homosexual se “agarra” a su compañero; por otro, existe una falta real de interés o indiferencia. Resulta muy gráfica la forma que tienen de hablar sobre sus relaciones pasadas: sin emoción, al igual que un niño cuando abandona un juguete en el que y ano está interesado.

3. Las personas con tendencias homosexuales y otros neuróticos padecen autocompasión compulsiva.

No todos expresan su autocompasión y tendencia a la queja de un modo dramático. Si se les conoce un poco más, sin embargo, casi siempre se puede percibir en ellos la autocompasión. Tienden a pensar en términos de problemas y preocupaciones; algunos son evidentemente demasiado emocionales; otros son más del tipo quejoso y lloroso; otros son hipercríticos consigo mismos o con otros; a veces sienten malestar físico (que dramatizan), depresiones, crisis nerviosas, soledad, apatía, dificultad para relacionarse con los demás, etc.
La verdadera alegría y júbilo auténtico es justamente lo contrario a esta enfermedad. Es verdad que algunos homosexuales interpretan el papel de bufón o gracioso, pero analizándolo de cerca, parece claro que detrás de esto se esconde el niño autocompasivo y depresivo. Podría ser una manera pueril de que ese ego infantil quiera llamar la atención. Subyace siempre un desasosiego.

4. Las personas con tendencias homosexuales ansían llamar la atención

Se aferran a los demás para llamar su atención. Se presentan inconscientemente como víctimas y pelan a la ayuda y protección de los sentimientos compasivos de los demás. Algunos se imponen en su ambiente y otros lo tiranizan, al igual que un niño. Buscan, en primer lugar, la atención de un compañero deseado, pero esta búsqueda de atención puede convertirse en el modo habitual de relacionarse con los demás.

5. El egocentrismo es otra característica neurótica universal.

Esto implica que, en gran parte, sentir y pensar egocéntricamente produce como resultado un reducido interés o amor por los demás. “Mi esposo se desvive por las personas de su entorno”, me dijo una vez la esposa de un homosexual, “pero es incapaz de dar amor. No sabe qué es eso”. Cuanto más predomina el complejo homosexual en la vida emocional de una persona, tanto más es verdadera esta descripción.

6. El “niño autocompasivo” en el adulto es inmaduro emocionalmente en otras áreas, además de la sexual.

El infantilismo emocional de las personas que tienen un complejo homosexual hace que se comporten y piensen como niños, y que repriman –dependiendo de la fuerza del complejo- la madurez emocional normal.

7. Permanecer parcialmente como un niño afecta también a la relación con los padres

Los hombres con este complejo mantienen más a menudo algún tipo de “vínculo materno” o una actitud hostil de reproche hacia su padre porque existe un “vínculo negativo” hacia él. Algo parecido vale para las mujeres lesbianas. El vínculo establecido con los padres puede contener elementos ambivalentes: apegarse dependientemente a la madre, y tender al mismo tiempo a mantener disputas con ella, que descargan la irritación.

8. El “entrañable niño de antaño” mantiene sentimientos y actitudes infantiles hacia el sexo opuesto

Es posible que el hombre homosexual continúe odiando a las mujeres, del mismo modo que el adolescente de su pasado las veía como intrusas en su vida, rivales que le robaban sus amigos o, simplemente, como “esas chicas estúpidas” que entran a saco en el mundo de los chicos. Es posible que se siga sintiendo inferior y tenga miedo ante ellas avergonzándose de su masculinidad insuficiente. Es posible también que siga viendo a ciertas mujeres como figuras protectoras, maternales, afectuosas; y no como mujeres con las que relacionarse como un adulto. En términos similares, la “muchachita que persiste en la mujer lesbiana” sigue viendo a los hombres a través del cristal de la aversión, de la envidia, del miedo o de la molestia.

9. Las personas con tendencias homosexuales tienen dificultades en aceptar plenamente su identidad sexual, la llamada “identidad de género”

El hombre experimenta lo masculino como si no le perteneciera; la mujer lesbiana se siente intranquila ante las cosas femeninas. Sin embargo, es incorrecto pensar que estos hombres se sienten como mujeres; o que las lesbianas se sienten hombres.

10. Finalmente, no es superfluo resaltar que el complejo homosexual es sólo una parte de la personalidad de un sujeto

La persona entera es mucho más que su personalidad infantil, aunque algunos con tendencias homosexuales sean muy inmaduros. Si nos fijamos un poco más, descubriremos que cada hombre o mujer afectado de homosexualidad tiene muchas tendencias o cualidades adultas. Puesto que nuestro estudio se centra en la parte infantil de la personalidad, podemos dar la impresión equivocada de que estamos hablando de personas totalmente enfermas. De hecho, el psicoterapeuta trata en mayor medida la parte adulta de la personalidad homosexual, y haciendo hincapié en esta parte adulta es como podemos esperar observaciones realistas, buena voluntad y otros elementos curativos. La parte adulta de la personalidad es también la más interesante de las dos: está viva, mientras que el rasgo infantil del ego es más parecido a un mecanismo rígido y estereotipado. En la vida de cada día, lo que más abunda es una mezcla de los aspectos maduros e infantiles de la personalidad.

La bisexualidad deriva de esta estructura de doble personalidad: la inclinación sexual de la parte adulta, en su máximo desarrollo, está enfocada directamente hacia el objeto maduro de la personalidad, es decir, el sexo opuesto. El “niño autocompasivo”, por su parte, empuja la sexualidad hacia sus objetos inmaduros. Puesto que una parte de la personalidad bisexual anula la otra, es evidente que la heterosexualidad de estas personas no está aún desarrollada.



BUENO, creo que el análisis es estupendo. No sé qué opináis. Yo, la verdad es que me veo bastante reflejado en algunos puntos.

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