Homosexualidad y esperanza

Un cristiano saliendo de la homosexualidad

jueves, febrero 09, 2006

El paganismo es cruel


Hasta hace poco,no me había dado cuenta de lo terrible que es ser pagano.
Lo he descubierto gracias a los comentarios que he ido recibiendo en este blog.
Yo ya sabía, o mejor, intuía que vivir sin la certeza de que Dios existe y nos quiere debe ser terrible. La verdad, esa experiencia yo no la tengo, porque siempre he creido que Dios es mi Padre, aunque con frecuencia viva como el hijo pródigo que se marchó a otras tierras.
Lo que no sabía son las consecuencias que tiene el rechazar la gracia como presencia de Dios en la vida del hombre.
Me explico.
Desde el principio de este blog me he presentado, o lo he intentado, con sinceridad. Para ponerme máscaras tengo muchos otros sitios. Aquí quiero ser yo. Lo he dicho claramente desde el principio: No soy un cristiano modelo, sino uno que quiere serlo. Mi vida cristiana y humana están llenas de errores, incoherencias, heridas, etc... Al mostrar el problema de la homosexualidad y la adicción sexual, no he querido, ni quiero, justificarme en absoluto. Tampoco acuso a la Iglesia, mi madre, de nada. Al contrario: sé que con amor grandísimo y con paciencia infinita me acoge, me consuela, me levanta. La doctrina católica sobre la homosexualidad me parece estupenda.
No soy un hijo fiel de la Iglesia, lo sé, porque hago muchas cosas que ella desaprueba. Pero quiero serlo.
Y aquí esté el problema. Cada día experimento que el bien que quiero hacer, no lo hago, y, en cambio, el mal que no quiero hacer, eso es lo que hago (la expresión es, más o menos, de San Pablo). O sea: en mi caso, el problema no es conocer el bien, ni siquiera desearlo, sino que no tengo fuerzas para ponerlo en práctica. Necesito, pues, la gracia, la ayuda de Dios. Y, en ese pedir, aceptar, rechazar, caer, etc, en esa batalla entre Dios y mi pecado, entre mis buenos y malos deseos, estoy.
A veces venzo, y a veces, las más, pierdo.
Pero sé que son batallas. La guerra ya la ha ganado Jesús por mí.
Bueno, pues a esto vienen los que no conocen la experiencia d ela debilidad y me llenan de imperativos y de improperios.
"Deja de hacer eso""Cochino""Empieza a hacer las cosas bien"...
O sea: si no tengo bastante con constatar mi incapacidad para el bien, sólo me falta que me digan que tengo que cambiar.
COÑO, eso ya lo sé.
El cristianismo es una buena noticia, no una ley.
Jesucristo no ha venido a decirme lo que hago mal y a mandarme que cambie.
Para eso no hacía falta.
Jesucristo a venido a ayudarme, a pagar el precio de mis pecados, a levantarme, a curarme, a consolarme.
Aunque se la pegue mil veces, siempre me espera.
Por eso soy, aunque malo, un cristiano lleno de esperanza.

|

Links to this post:

Crear un enlace

<< Home


Ver estadísticas